jueves, 26 de septiembre de 2013

Portada del Libro









PRESENTACION EDITORIAL

Cuando en una colectividad se propagan el tedio de los automatismos y el desinterés general, hasta el punto de convertirse en señas habituales y en un factor más de desintegración, y, al mismo tiempo, se proscriben de forma cotidiana los valores más esenciales, el rescate de los mismos y su preservación empiezan a ser preocupaciones justas, fundamentales, y la función de humanizar se torna indispensable.


Apuntando en esta dirección, es claro que pocas actividades poseen el valor trascendental que representa el impulso a la cultura, en sus manifestaciones más heterogéneas. Y es notorio también que, entre esa diversidad, destaca con nitidez una de las más elevadas y de más cabales satisfacciones: la labor literaria, por su inmensa proyección sobre todos los ámbitos de la realidad, cimentando el espíritu de contemplación, análisis o crítica; por su capacidad de sensibilización y por contribuir tanto al acervo colectivo como al crecimiento individual.

Es por ese camino por donde marchan nuestros esfuerzos. Y es así que, tras la publicación del poemario multiautoral Morada Poética (2007), EDITORIAL VAGÓN AZUL se honra de presentar al público esta nueva obra: Bajo Cero, de Zoila Capristán, que reúne la poesía forjada durante años de trabajo, expresión de energía y pasión creativas. La integridad de estas páginas revela un auténtico compromiso con el quehacer literario, y las constituye en una edición de lectura imprescindible para quienes se complazcan ante todo ejemplo de sensibilidad bien formulada, y quien preste mirada atenta a la escena de la literatura en el Perú y las voces que van aflorando.

Nos enorgullece entregar al lector una producción bibliográfica de gran calidad, con la misma exigencia de celo y rigor con que fue escrita, y que con seguridad le será de valiosos fines. Este paso supone la consecución de los nobles propósitos arriba mencionados, convencidos del poder que tiene el libro y movidos, por ende, a la promoción y difusión del trabajo literario, un deber que resulta para nosotros tan imperioso como satisfactorio. Esperamos la amplia acogida del público, y hacerlo partícipe en esta gran empresa de devolver la expresión artística al lugar que le corresponde, desde donde relumbre tutelar y siempre flameante.

Richard Varela 

Editor


PROLOGO


“Aparten de mí este cáliz”

Bajo cero de Zoila Capristan no es solo la ópera prima de muestra el manejo diestro de la palabra por parte de una poeta ya cuajada, sino un gran aporte a la reciente poesía peruana escrita no solo por mujeres. Libro río, que se presta a varias lecturas: tumultuoso, poliédrico, incandescente como es la vida contemporánea. La poeta ha volcado las visiones de una realidad fragmentada, convulsionada y dramática, pero bajo este velo (que roza con lo absurdo kafkiano) ha plasmado una historia lírica, en donde palpita una voz soterrada (canto villano) que hace contrapunto con esa otra voz mayor (brechtiana). Es decir, hay dos tonos que obedecen a dos planos: el del mundo interior (representado por la tumba intemporal de la muerte o la memoria) y el exterior de lo contingente (el mundo apocalíptico de hoy, la convivencia entre guerras e injusticias).

El drama humano-vallejeano empieza con el nacimiento, nacimos en un mundo de viejas estructuras verticales de poder: “la renta/ el tributo/ la ofrenda/ son pedradas que de arriba caen“. Este pecado, nos dice, fue inventado por ese patriarcado que aun perdura, sobre todo en sociedades como la nuestra: “En el lado oscuro no existe Satán/ coexiste Eva masticando la manzana“. Por tanto, la voz de la mujer estigmatizada es subversión, es marginal, es peligrosa: “Sospecha que soy la puta de Caylloma“, nos dice ironizando a este reino de la hipocresía moral. Nuestra condición humana-demasiada-humana nos confronta cotidianamente a esos estamentos que nos coactan: “Señor Juez, declare la incompetencia de mi abogado/ diluya en la  hoguera  las llaves de la libertad“. El poder es caníbal, pero es un poder que solo oculta su fracaso, sustentado solo en la fuerza. La carencia de fundamentos, de credibilidad que legitime esa fuerza, hace que la víctima empiece a avistar un cambio: “Que no tenga conciencia que existe el Perú y todos hayan comido pan ese día“. Pero la injusticia es mundial: “Mi alma es una catacumba donde van a penar los muertos“, dice uno de los versos que abordan los estragos de la guerra (o destrucción) en el oriente de hoy. El triunfo de la deshumanización es la imagen que se propaga mediáticamente en un mundo llamado posmoderno: “celebran la muerte de un Cristo asesinado que yace junto a ellos“. Es en este mundo ya sin mitos, pero con las mismas guerras - guerras que ya no pueden ocultar su absurdo -, en que la poeta desenmascara las mentiras de una falsa épica.

“Soy una ladrona que su desliz esconde en el tálamo de un solitario hostal/ en mi perturbada fuga burlo a la muerte y no me halla“, como decíamos la voz poética conoce su precariedad y su talante insurrecto (“la muchacha mala de la historia”, denominaba María Emilia Cornejo). Su mirada evidencia lo que la mano del hombre trata de tapar: “Una niña fue violada en su cuna”, pero por miedo, vergüenza o machismo al desenlace fatídico de esa historia censurada se le califica como “muerte natural”. No hay muerte natural, nos dice ella, la muerte es una invención religiosa y política. Zoila Capristan utiliza el símbolo del ataúd para desacralizar la muerte y denunciar sus ocultamientos: “Me conmueves/ con tus ojos cargados de ataúd/ con tu muerte a pausas“. Por otro lado, la muerte es dual, puede ser, también, el lugar más seguro: “Allí las dos juntas/ Tal vez de espaldas/ En el sepulcro“.

Bajo cero es también un libro íntimo de íntimas voces: “Tengo una manera callada de existir/ un hálito de aire para respirar/ silenciosa manera de hilvanar pasos“. Aquí habita el padre: “Vigilante hostigo las pisadas de mi padre”. La madre: “Madre, perduro en la misma noche que me desterraste”. Y “Teresa que come  heces“, y Maya y Lola. La memoria, en donde habitan aquellos fantasmas, es una celda que la libera: “he experimentado el peregrino placer del infierno/ tras los barrotes”. Y es bajo ese cálido manto en donde puede surgir el amor: “amanecer un domingo con tu cuerpo enlazado al mío”. Su voz entonces se torna descarnada, aquí hemos llegado al fondo de su exilio subterráneo, bajo el silencio de una gélida paz. Su trayecto es un descenso órfico hacia las verdades más profundas.

El título del presente libro de poemas nos dice su significado sin decir, así como los poemas hablan desde su silencio-cero sobre aquello que está encima del corazón, que es lo vedado, lo callado por la dictadura del poder perpetuo que escribe la historia oficial de esta humanidad en peligro de extinción. “Expío mi conciencia con la médula blanca de mi bandera Peruana“, dice la poeta como pocas veces se ha visto en nuestra tradición. “¡Hombres silenciosos aparten de mí este cáliz!”, exclama, y esa voz es necesaria, urgente, en estos tiempos pacatos. ¿Para qué escribir poesía en tempos frívolos? Justamente para poner el dedo en la  llaga de este país al pie del orbe: “No ardo/ Hay frío/ No hay tiempo/ Solo orbita/ Todo es efímero”, escribe desde lo más revelador y hondo.

La poesía es esa mariposa que empuñará siempre la poeta. Vuelo, libertad, belleza, para un mundo que necesita de más poesía.

Miguel Ildefonso