sábado, 26 de julio de 2008

NN


Abre los ojos,
al dividirlos
rozan con una habitación tres por tres
Es una tumba
En la lapida se lee:
"NN VIVIO SOÑANDO CON LA MUERTE"
tiene tres ventanas
las colocaron para atormentarla
y hacerla sufrir más
aun después de muerta,
por allí llegan los sonidos que detesta y la estremecen
palabras de la gente mezcladas con lamento
al llanto de un anciano
vacío cotidiano
a veces observa por la ventana
humanos convertidos en bestias a fuerza de sobrevivir
el hambre los denigra,
quita condición a lo humano.

El humo de los carros asfixia
le recuerda el hacinamiento diario
la nausea indistinta
se vuelve a la cripta
y mira a su amigo insecto hacer la trampa
solo lo observa,
el ruido de afuera es ensordecedor
se tapa los oídos
cierra los ojos
espera levantarse un día
y leer en su puerta
"NN MURIO SOÑANDO CON LA VIDA"




Lágrimas hipócritas  se resbalan en el epitafio
son voces  de amigos que deslizan alguna sombra
 un ataúd que derriba a la fosa que me constriñe
el viento se arremolina y cubre de hojas secas
una rama chasquea sus uñas largas en mi vientre.

El viento mantiene  una sonrisa mordaz
se acoplan los tiempos curvos en un agujero
extirpa el sueño ya vivido
 inventa un tren con siete vagones
 uno que meza la cuna
en ella mi hija con sus ojos de dragón
bastará para aferrarme con uñas y dientes
asir  alguna baranda 
y hacer cantar esperanzas al mundo.

Navega el universo en su viaje a  nada
no crean que estoy triste
 es mi estado natural.

Murmuran los números astillados en la garganta, uno, dos... ciento siete
-Tus ojos no han visto Perú
-Mis ojos  han visto  la Torre de Babel en  Perú.
-Última visión, los ojos de mi hija.
anuda el cordón umbilical
humea la navaja de la guillotina.

Se apagan las luces de mi celda
señor Juez, declare la incompetencia de mi abogado
diluya en la  hoguera  las llaves de la libertad


-Verdugo asalariado, cumpla su deber.


SIGNO

Imaginan  rayar el alba
circunstancial, el presente se invierte
atan la herida cuando el signo cae
la cicatriz permanece sonriendo con su lengua larga
 la memoria se petrifica inmortalizando el encono.

-Una niña fue violada en su cuna.-

Tengo en mis pupilas insípidas
las fosas abiertas
las tinieblas
sus fantasmas
las  fotos con ojos de infanta, son de otra
en esta estación  soy la que abomina a la que dice ser  mi madre
la que sostiene los dedos de su padre
y  almacena aguaceros que desentierran  laberintos

-Ignora  por qué  entre sus piernas moreteadas, habitan las moscas-

Pozo bruno condensado de memorias
de partituras  desintegradas
de vez en cuando enciendo  la caja negra
donde diestros pintores maquillan a la niña violada


-“Muerte natural”-  rectifica  el padre.


BAJO CERO



Impregnada queda
la desolación de estar bajo cero
días en que me pongo el traje al revés
y resbalo con la cáscara del que me antecede
la otra parte sonríe
goza
impotente solo miro
con lagrima de río.

Días en que sobro en todas partes
se está demás en la tierra infinita
los huesos estorban
toco una puerta
y no puedo entrar por el techo,
ni  un agujero alcanzo.

Días infectados de lepra
pero ni los leprosos llaman
abran  un poco del espacio
sólo una silla donde sentarse
un rincón donde dormir
un cajón donde cruzar los huesos
la renta
el tributo
la ofrenda
son pedradas que de arriba caen
lapidan
es castigo por osar existir
por acompasar el cortejo de la respiración.

Busco el bolsillo y quedo manca
el frío
el frío
el frío me cala
en el fondo no hay sitio
anudarse la garganta fuerte
muy fuerte.



 

VERSOS DE UN SOLDADO


Navego por los aires  en un avión que  transita tierras extrañas
marcho a luchar por mi patria y mi bandera
mis manos nunca se profanaron con sangre.

 - Tras de sí, adormecen los miedos de su madre-

No dudé en incinerar la mezquita
el fuego desclavó la carne de mis enemigos
solo anduvo la nieve  de sus caninos
sus alas rodean cuando juego la ruleta con sus esqueletos
eco de sigiloso quebranto  ahogado con mi fusil.

 - El silencio de su rezo acalla su conciencia-

Esta mañana en el espejo advertí un perfil velado
esa mirada inquisidora  devastó  el vuelo de mariposas que habitaban en mis ojos
el rictus de esos adustos labios desvaneció el reflejo de mi sonrisa
-Un niño, sonriendo, me  entregó sus pupilas -
en mis manos aflora la tibieza de su sangre;
para disipar  el aroma las lavo con agua bendita.

  - La fetidez viene de su  interior-

¡Que la luz de la luna no me descubra en el desierto!
ella logra destrabar  sepulcros  que se resumen en mi  memoria
¡Que no germine la noche!
las pesadillas que se apoderan de mi sueño quebrantan como verdugos mi alma
empantanando en  charcos las visiones

 - ¡Todo se desploma en el abismo de las fosas!

Tupida niebla concurre en mí,
el llanto de los condenados que van desfilando al matadero
se instalan en  confusión de imágenes  que se acopian en mi recuerdo
mi alma es una catacumba donde van a penar los muertos.

- Las órdenes marcan de  llagas  leprosas  los caminos-



Ayer maté a más de un niño 
-¡Mátalos, son enemigos!-  me ordenaron
devastamos la escuela, vecina de mi memoria
donde correteaban los infantes que con su alegría me hacían olvidar
las balas del fusil con  que maté a sus padres.

  - Entonces cuando escuchaba sus risas,  el tiempo se curvaba y se  hacía  infante, aquel  que nunca soñó crecer y convertirse en verdugo,  ¡Ay cuánta pureza en su quimera de niño!


El Pentágono ensombrece de insania
corrompido aliento flota en  Palacio
el amanecer tirita triste y decae la rosa en su capullo
los poetas un verso  marcial no me han enviado,
emerge del panteón una marcha fúnebre que cobija mi cuerpo vacío.


  -Amanecer con el fusil en la sien y los buitres en espera...-

HILVANAR PASOS

Extraño la brisa del desierto, la que viene cantando entre  niebla y arena
árbol de espino donde anidaba el sepulcro
mesa larga y vacía  habitada por  muertos solitarios
frágil tejado que trepaba para observar el paso de gentes y  bestias
que como bravos ríos  arrasaban mis vestidos
sombreando aire viciado y escombros de  guerra.

Evoco la tristeza de la lluvia que taladraba mis párpados
al perfume del barro
tarde que se desmorona quejándose de frío
y se pliega como telón de  mortaja en mis huesos
al sol que se descorre pariendo la penumbra
-se parece a mi madre pariendo otro hijo-
y a mí, con los días que se acumulan entre cruces
como ciclos amargos que oscilan hórridos.

Añoro el silencio que no viene
 inconsciencia que vendrá como peste a poseerme
calles vacías sin niños sobrevivientes de  disparos tribales,
a ella que hace volar mis alas
 y las esfuma en cáustico aliento resguardándome en duelo.

Arrojaron piedras  en mí,
tan profundo  han caído que  nunca volverán a ver al sol
a veces ella abre la ventana del féretro
 fija sus ojeras en mis ojos extintos;
mientras la muerte  columpia  mi ataúd
hasta que perezca el albor.




Tengo una manera callada de existir
solo un hálito de aire para respirar
para apenas prolongar
una manera silenciosa de hilvanar pasos
como no queriendo
animar el fuego atroz de este mundo
estoy en la esquina del ataúd
acariciando mi seco hueso
donde el tiempo en cada segundo carcome mi piel
sola apenas me siento
prefiero el mudo silencio a su voz
puede escuchar la hiena
y venir a reclamar mi alma
los buitres olerme
y habitar mi sien.

Quiero la noche más oscura
no tomare el pan que no merezco
ni besare tus labios pidiendo perdón por ello
puede al fin sucumbir el sol en su abismo
agonizar la noche en su eternidad
igual mi casa permanecerá como un panteón
sembrado de túmulos lúgubres
de difuntos sin nombre que nadie tiene ya el recuerdo
no tienen velas
ni oración maldita
ni corona roja en su día.

Mi cuerpo mismo es un cementerio
de muralla de piedra
lapidas de puta magdalena
los muertos se cobijan en mi
hay muchas tumbas subyacentes
que se escapan por mis dedos
en mi mirada
en una noche contigo
en que termínanos oliendo
a fétido mortuorio.
















 






RESEÑAS DE LIBRO BAJO CERO
Claves de lectura de Bajo Cero de Zoila Capristán

La certidumbre del poder de la muerte y la evidencia del amor
David Antonio Abanto Aragón


he decidido alisar los repliegues
de mi culpable alma
Carlos Germán Belli

“silenciosa manera de hilvanar pasos”

La poesía es un hecho social. La poesía es expresión artística de la contradictoria condición del ser humano: miserable en su grandeza, pero, a la misma vez, grande en su miseria. La lectura de Bajo cero de Zoila Capristán (Vagón azul editores, 2010) nos lo confirma con creces.

Bajo cero, el poemario de Zoila Capristán, nos presenta un concierto de voces en sus composiciones que nunca lo es tanto como cuando brota para expresar nuestra oscura animalidad en un tiempo de crisis de la vida pública que es también crisis de las conciencias.

La aventura creadora que revelan las composiciones de Capristán es una travesía terrena y humana. Es “un descenso órfico hacia las verdades profundas” señala Miguel Ildefonso en el prólogo del poemario, con mucho de temporada en el infierno, añadimos.

Infierno-caos identificable con el absurdo, en el que “el Génesis se trasmuta en Apocalipsis” (p.83) y del que quizá sea expresión el “Perú, país del absurdo” (p.48), estableciendo una relación amor-odio, con ese lugar de incomunicación (p.30), donde transita la muerte y que, en esa condición, es lugar que se añora relegar: “Que no tenga conciencia que existe el Perú” (p.32), pero cuyo símbolo manifiesta, en algún grado, la posibilidad del hallazgo del lugar para enmendar a la muerte: “expío mi conciencia con la médula blanca de mi bandera Peruana” (p.75).



“La luz se engendra en el abismo”

Las miradas poéticas de Bajo cero resultan auténticas al admitir su cuota de falsedad, y su canto se vuelve verdaderamente tal al desnudarse del componente cultista o estetizante.

La poesía de Capristán se inserta en una tradición que acoge la herencia romántica, se nutre de la poesía de creadores como Vallejo, Varela, Watanabe, Ollé e Ildefonso y sintoniza con la búsqueda de poetas como Alessandra Tenorio, Andrea Cabel y Denisse Vega Farfán.

Su arte sale a las calles, exalta instantes, momentos: el presente. Su urbe es nocturna y en ella sus luces iluminan, en sus vías como heridas de la existencia, la procesión de imágenes de prostitución, drogadicción, crimen, muerte, egoísmo y hastío. Su poesía es de oposiciones nítidas y contrastes brutales que se insertan en la búsqueda de otra belleza. Desafío que ha sorteado espléndidamente la poeta hurgando la nostalgia, el ensueño, el erotismo, la iluminación, etc. con intensidad subjetiva y una postura poética vigorosamente personal.



“la desolación de estar bajo cero”

El título del libro es como una síntesis, fuertemente expresiva, de la condición en la que se reconocen las composiciones. La expresión aparece en el poema homónimo que abre el libro: “Impregnada queda/ la desolación de estar bajo cero” (p.17), en el que la voz poética describe las obsesiones negras que reinarán en el libro (con fulgurantes momentos de entusiasmo y dicha) ante la sed de absoluto del ser humano.

Las composiciones del libro de Capristán expresan la angustia que engendra en el yo poético el poner en duda o cuestionar las creencias y las pautas imperantes de las personas con “pellejo encallecido” y “pies agrietados consumidos” y ojos cargados de ataúd (p.37) que viven por inercia, “en cotidiana nausea”, con una tristeza naciente que va “viviendo más” (p.45), un “denigrante panorama” con costumbres y ritos deshumanizadores, ajenos a la vida y el amor. Véase la contundencia de las imágenes de la cotidiana “vidamuerteeterna” (p.89) presentes en el poema “INERCIA” (pp.70-71).

Esta situación pone en evidencia el poder de la muerte en el mundo de hoy, un tercer rasgo fundamental de la condición humana, luego de la dualidad inarmónica y la confusión.



“la evidencia en mis manos”

La razón de esta circunstancia se desconoce, pero se expresa la posibilidad de explicaciones tentativas: “es castigo por osar existir / por acompasar el cortejo de la respiración” (p.18). El ser humano es arrojado a la hoguera de la vida (p.61), con el estigma del caos que cubre su existencia, vista como “un funesto accidente (p.73), incluso desde antes del nacimiento (p.27), lo que se expresa en un estado de ánimo que aparenta la tristeza y se concibe como “estado natural” del ser (p.30) y “la certeza de lo único certero/ la nada” (p.42).

Pero no todo está perdido. La salida de esta situación es, en primer lugar, una salida de sí mismo. La solución pasa por una recuperación del ser y del cuerpo. Consideremos que el camino hacia el presente pasa por el cuerpo en el “que quepa la libertad” (p.32), pero esta opción, en la poesía de Capristán, no debe confundirse con el hedonismo mecánico y promiscuo.

El cuerpo postergado ha sido y sigue siendo objeto de vejaciones ignominiosas con coartadas perfectas e “impunidad garantizada” (p.95). Esto con la complicidad aprobatoria de los prójimos (los “vecinos” que “asienten”) o la indiferencia cómplice de los espectadores, de los espejos proyectados (p.37), esos reflejos lejanos, esos “hombres convertidos en bestias a fuerza de sobrevivir” (p.49), de ese “verdugo asalariado” (pp. 30 y31) que legisla la existencia social de los NN del poema del mismo nombre (pp.49 y 50) que viven soñando con la muerte y, algún día, quizá, vivan soñando con la vida.

No podemos dejar de señalar que el presente es el momento en el que la muerte y la vida se funden. Por eso, se hace necesario enfatizar que, en medio de esa atmósfera del dolor, está el aliento de vida, la capacidad de amar del ser humano. Es este núcleo amoroso el que hallamos en Bajo cero en los instantes en los que las voces poéticas logran encontrar espacios donde la vida emerge distraída (“INADVIRTIENDO SEÑALES”, “UN DÍA DE CUALQUIER DICIEMBRE”, “A MAYA QUE NUNCA QUISO CRECER”, “CUERDAS EN AYACUCHO”, “LOS DOMINGOS UN AJÍ”) y se anhela al poeta y la poesía como entidades liberadoras: “¡ay!, quién pudiera descomponer el instante y hacerlo verso.” (p. 33).

La poesía es creación que cobija como “el aroma de flores silvestres” que cubren para que “el látigo no me alcance/ las espinas no penetren en mi frente”, es creación que acerca, hermana y une: “Voy a sellar con poesía nuestro camino para que no te alejes” (p. 51), es como ese canto a la flor de retama “sinfonía de amor/ semilla en los pueblos” (p.72).



“hurgar la razón del absurdo”

La escritura de Capristán expresa en los poemas de Bajo cero la sensibilidad de una poesía desde lo vivido, pero que ya trasciende la condición de ser poesía del sentimiento.

En el tránsito del tono tanático al tono afirmativo de la vida, un elemento desencadenante es el del amor erótico liberado de tabúes (“no aspires a santa”, “sé hembra cruel y salvaje/ libre y cultivada”, p.24, con “el talento de la puta de Caylloma”, p.22) en el que se vence la castidad y se goza sin temor, (p.44) y donde “la salivada Eva engarzada al macho” (p. 22) pueda ser también “flor, amante o puta”, lo que las manos del amante alfarero moldeen (p.44).

Otro elemento, vinculado al anterior, que no podemos dejar de señalar es el compromiso de la poeta frente al dolor y sufrimiento de otras personas. Y esto porque ella misma, movida por experiencias vitales de exclusión y rechazo, es ser que perdura “en la misma noche” (aquí noche puede ser entendida figurativamente como lobreguez vital permanente) de la “nefasta noche” en que nació (p.34) y en la que fue desterrada por su progenitora (“¡Mujer que pares y olvidas!”, p.52), a una vida cultivada en llanto (p.61) y que para no perecer hilvanó “espejismos que evocan el olor de su vientre” (p.61), razón por la que se designa a sí misma como “la que abomina a la que dice ser mi madre” (p.60), figura cuyos recuerdos regresan certeros “como pedradas en la frente” que las hace “concluir/ allí las dos juntas” (p.40).

Cuestión aparte merece su distanciamiento de los reinos ansiados por las religiones (con sus dioses percibidos como capaces de burlarse con “sorda carcajada”, p.34, pero incapaces de inventar vocablos que enuncien los versos de sus criaturas, p.59, que pierden “la esperanza y la guerra”, p.87 por lo que se cree más en las armonías de sus criaturas que en el mismo Creador: “creo en el Padre/ y más en las notas de ese piano” p.53 y cuyos rituales “celebran la muerte de un Cristo asesinado”, p.43) y las ideologías, causantes de conflictos que en su nombre han desatado descalabros de destrucción y terror (con insepultas caravanas de la muerte, p.68, para silenciar “el sonido de los huesos quebrantados”, p.69 y que mandan matar las voces y abatir los pensamientos y con insania rinden culto a la muerte, proscribiendo los recuerdos, p.75, con completa impunidad para firmar penas de muerte, p.76, y con “condenados que van desfilando al matader”, p.36) .



“Tengo guardado para ti un día sin tristeza”

Son estos elementos, entre otros, los que llevan a Capristán a condolerse del sufrimiento humano y la impulsan a hurgar “la razón del absurdo” (p.19) y a buscar con la poesía, en “este proceso de ocaso llamado vida” (p.41), la utopía del amor con la esperanza del “día sin tristeza” (p.77) en el que “la felicidad instalada en la sangre no se despeñe” y “en el universo no transite la muerte” (p. 23).

Por eso, la poesía de Capristán resulta extraña, como dice certeramente Pablo Macera en la contratapa del libro, a “esa lectura académica que rompe carne y músculos en su autopsia”. Es poesía que habría que leer, nos invita Macera, “con ojos, manos, cuerpo y almas disponibles y abiertos”.

Leamos Bajo cero como testimonio poético vital de la certidumbre del poder de la muerte, pero también como evidencia del hallazgo del amor en la existencia capaz de “hacer cantar esperanzas al mundo” (p.30).

Independencia, agosto de 2010


______________________________

Publicado en Revista: Literaria Remolinos # 44 Julio - Septiembre de 2010
PAOLO ASTORGA


Bajo Cero

Zoila Capristan

Vagon Editores, 2010

                                                        

“Impregnada queda / la desolación de estar bajo cero”, con estos primeros versos la poeta la poeta Zoila Capristan con su libro Bajo Cero (Vagón Editores, 2010) nos presenta sus heridas, sus soledades, su sed de amor frustrado bajo la noche donde apenas es nuestra la carne que se nos revela fría, inhóspita, duramente desolada, como los anhelos de volver a ser esa belleza que ahora es nostalgia de palabras profundas, términos cortantes que pronto se olvidarán en los suburbios, en esa urbe que nos arranca el corazón vivo y de a pocos como recordándonos nuestra levedad ante el tiempo:

Días infectados de lepra

pero ni los leprosos llaman

abran un poco del espacio

sólo una silla donde sentarme

un rincón donde dormir

un cajón donde cruzar los huesos

la renta

el tributo

la ofrenda

son pedradas que de arriba caen

lapidan

es castigo por osar existir

por acompasar el cortejo de la respiración.

Busco el bolsillo y quedo manca

el frío

el frío

el frío me cala

en el fondo no hay sitio

anudarse la garganta fuerte

muy fuerte.



En este intenso poemario, la poeta es la Hardcorde de un mundo que solo se puede contener en la tristeza de no ser más que simple mercadería y aún así sentirse orgullosa o aparentar orgullo. La poeta es la prostituta deseada, sin embargo con sus signos de erotismo por momentos desenfrenados, por momentos fríos, indiferentes, anhelantes, dubitativos, desesperados, ella se transparenta en espejo, en reflejo de nuestra incoherente esencia humana, mostrándonos como animales en celo, en ese acto amoroso que acrecienta la indiferencia de los cuerpos que se unen para aplacar (si es que se puede) esa ametrallante soledad que nos acribilla al saber muy pronto que nuestra carne la gozan con desenfado para después resistir el intenso vacío después del orgasmo, la identidad nueva que acaso lentamente nos dará asco, nos hará nuevamente un par de desconocidos:

Me nace el talento de la puta de Caylloma

en Lima hace frío pero la putería lo calienta todo

el lunar de mi pecho contabiliza los minutos que circulan como cuerdas

en la habitación de paredes de papel,

hay un hombre y otra mujer que gimen

buscamos un agujero donde filmar

a la salivada Eva engarzada al macho

Y sin dolo, como diría el juez

que se abanica con billetes coimeros en el Parque Universitario

terminamos sentados en la última banca de La Merced

agradécenos por volver a ondear los faroles de Quilca

de paso prometo ya no sentir cosquilleos en el capullo

-que presiono para amordazarlo-

“Padre nuestro que estas en mi cielo…”

El murmura “puta”

incrusto mi lengua en el orificio de su oído y le susurro “perro”

Mientras la virgen nos sonríe.



En estos poemas hay siempre un desesperado anhelo por retornar a un tiempo pasado, o por lo menos vencer a ese abismo que nos excita a cada instante. La poeta es presa del tiempo, de la frustración que comienza con el recuerdo, con la soledad del recuerdo y esa intensa y lasciva realidad que ahora nos atormenta, se funde en su piel como identidad perpetua, como tatuaje imborrable que siempre nos gritará su condena:

El tiempo se torna rancio

la piel es un trivial manto de madera

por dentro corroe la polilla,

el alma grávida hecha de remiendos y espejismos.

En este viaje por la nostalgia, se evoca a veces violentamente esos instantes donde el amor dominaba el aire, donde existía un nombre, una verdad pura que ahora solo son recuerdos y ansias de volver a ese universo que muy pronto dejó de ser nuestro para convertirse en nuestra cruz, nuestro verdugo, nuestra patria expatriada, la inmóvil remembranza hacia la muerte para acallar al furioso vacío que nos arde en la piel:


Ganas de romperme las piernas

astillarlas e incinerar mis huesos

arrojar las cenizas al pozo

donde se arrojan a los muertos sin verdugos culpables

y ya sin piernas obligarme a no ceder

a suicidar mi cuerpo.

Nostalgia de tu aliento volátil

besos que hoy saben a difunto

abrazos que envolvía como universo.

Evocación de la muerte que pronuncia mi nombre

y me atrae gravemente

y me desgrana en cada minuto

en cada partida.

Ansias de cantar a la una hermosa entonación

mirarla con frialdad a los ojos

que ella se espante

que no la temo.

Ganas de tomarla de la mano

caminar junto a ella

caer seducida

no voltear los ojos

partir y no volver a este proceso de ocaso llamada vida

de fugar y borrar toda huella prolongada en el camino

y ya sin nadie que me recuerde

ya sin memoria

tener la evidencia en mis manos

la certidumbre de los incorpóreo

la certeza de lo único certero

la nada.



Y por momento la poeta aunque en su desolado canto la frustración parezca vencedora, es la palabra hecha poesía, es la intensidad del sentir sobre el existir, lo que nos hace contemplar ese reino aún sin profanar que la infancia y sus recuerdos, su magia, su tórrida tristeza, su inmensa ternura que nos hace ver por un instante eterno, totalmente desnudos de todo dolor, de toda angustia, de todo remordimiento. Es acaso la infancia en estos poemas el lugar donde se desea llegar, el lugar donde es realmente donde debíamos librar esa batalla con el destino, para que toda esta tristeza que hoy se nos empoza como coágulo en el alma, se transparente por fin en luz, en paz, en una nueva oportunidad, a pesar de los desmanes, como en el poema A Maya, que nunca quiso crecer:

Maya, tú que sólo te conciertas de infancia

espérame con tus juegos de inocencia

vamos de nuevo a sentarnos a la mesa

donde el cariño se sitúa en la cabecera

donde Lucho remienda vestidos trajinados de pasiones

y Lola entre leño y leño atiza versos que amortiguan las penas.


Y al final, siempre al final, la poeta nos termina con una imagen desgarradora y a la vez mágica. Ella poeta entre los suburbios, poeta que escribe armada hasta los dientes de palabras en flor, nos describe ese hedor de mundo en decadencia, esa inmensa incomunicación que ya ha perdido toda razón de ser. Es siempre al final donde la poeta nos muestra lo podrida de nuestra sociedad, la miseria de ser por primera vez esa carne en la que nosotros sin saberlo algún día seremos:


Después lanzarla al barranco

a ver si el hambre la convierte en puta

si otros al verla famélica

la siguen gangrenando

desfigurarán su trémula cara

desbarandarán los versos de su padre

y un día la encontraremos en una esquina

entre enjambre de ratas

con falda corta empuñando una mariposa.


Bajo cero de Zoila Capristán es sin duda un libro de libertad creadora, un reencuentro con el monstruo del pasado, la belleza imperecedera, el amor desenfrenado, la duda de saber si lo que existe en nosotros es ansiedad de ser felices o quizá solo una tremenda batalla por no quedar enterrada entre los escombros del mundo que nos traga lentamente.

PAOLO ASTORGA

---------------------------------------



HECTOR ÑAUPARI

Bajo Cero de Zoila Capristán
El libro Bajo Cero de Zoila Capristán me ha suscitado unas preguntas que quiero compartir con ustedes. Para evitar conflictos de género con la autora, feminicemos las preguntas.

¿La mujer puede encontrar la felicidad en la tierra, o está condenada a la frustración y la desesperación? ¿Tiene la mujer el poder de la elección, el poder de elegir sus objetivos y, para alcanzarlos, ser titular del poder de dirigir el curso de su vida? ¿O es ella un juguete indefenso de fuerzas más allá de su control, que determinan su destino con crueldad? ¿Puede la mujer, por naturaleza, ser valorada como buena o despreciada como mala? Éstas son preguntas metafísicas. Las respuestas a estas preguntas requieren de abstracciones, que podemos llamar juicios de valor metafísico.

Dado que tales juicios son tan amplios, extensos y complejos,ninguna mente humana podría aplicar adecuadamente los principios que nos permitirían darles respuesta y ordenar nuestra realidad de modo que podamos entenderla. Un intermediario es necesario, un puente que nos permita salvar el inacabable abismo que se extiende entre lo abstracto y lo concreto. Este intermediario es el arte, el que, en su sentido más amplio incluye el mito, la leyenda, los íconos religiosos, los libros de poesía, las novelas, las películas o los cómics.

Siendo un intermediario entre lo abstracto y lo real, y estando sujeto a la manifestación del artista, el arte es una recreación selectiva de dicha realidad, estando subordinada, en primer término, a los juicios de valor metafísico de un artista, que proyecta sus abstracciones en el libro, el lienzo o la película. La razón por la cual el arte tiene un profundo significado personal para el propio artista es que el arte confirma o niega su propia conciencia, en tanto propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimente, según se apoye o se niegue en su punto de vista sobre la realidad.

Luego, el arte está sujeto a la apreciación del público que la observa y la juzga, que la interpreta y la cuestiona, coloreada por sus valores personales, arraigados en su psique, o por cualquier grado de impacto emocional que la obra tenga en ellos, llegando en algunos casos a cobrar existencia más allá de lo pensado o proyectado por el propio artista.

En tal sentido, el arte no es un objeto de lujo sino una necesidad crítica de la vida humana, no una necesidad material, sino una necesidad de la mente racional del hombre, la facultad de la que depende su supervivencia material. En efecto, preguntémonos ¿Cómo comprenderemos el mundo que nos rodea y nos es hostil sino tenemos una manera de escribirlo en un poema o de volcarlo en un lienzo? ¿Acaso no hemos aprendido con el evangelista que al principio era el Verbo, y luego éste fue hecho carne y habitó entre nosotros? Además, el arte es tan importante que, sin ambas proyecciones, o careciendo de alguna de ellas, la mente humana no sería capaz de llevar a cabo plenamente su función como parte de un organismo vivo, que somos todos nosotros. En una sola frase, con el arte, pensamos. Sin él, nos embrutecemos.

En tal sentido, el propósito del arte en este libro, Bajo Cero, es la concreción del punto de vista fundamental de la mujer, de sí misma y de su existencia, que coincide con lo que el hilo de nuestras reflexiones busca demostrar. No es su propósito, ni debe serlo, expresar de forma acrítica la realidad, o de darle únicamente un contenido orientado hacia la bajeza, la ruindad, el mal, la inestabilidad emocional, el regodeo en la miseria y la depravación, como si fuesen los únicos atributos del humano actor. Esto, como sabemos, ha ido ocurriendo con gran parte de la literatura contemporánea, y muchísima de la literatura peruana. Felizmente, no es el caso de la obra que presentamos.

Nuestra autora da a su libro un trance de agonía, en el sentido griego del término, la lucha o combate por la vida humana, la contienda postrera contra la muerte, ese ministro inexorable que no dilata ejecución alguna, como escribiera el autor de Macbeth. Eso puede producir en un espíritu asertivo y sensible como el de Zoila Capristán un ansia o deseo vehemente, la angustia o la aflicción. Observamos esa ansia cuando la poeta nos dice “invoco al fuego para incinerar mi carne / que no quede átomo alguno en la tierra / cuando la nave llegue a su destino / ¡ningún rastro mío se levante!”; el deseo, cuando observa “caen de maduros los besos que no te di / deseos se deslizan violentos bajo el ombligo / cuando tus manos imaginarias acarician / fluye la costra de la piel / se desliza el caparazón”.

La angustia queda patente en varios de los poemas de Bajo Cero. Por ejemplo, cuando nos advierte “el frío me cala / en el fondo no hay sitio / anudarse la garganta fuerte /muy fuerte”; o, “evoco la tristeza de la lluvia que taladraba mis párpados / al perfume del barro / tarde que se desmorona quejándose de frío”.  Finalmente, la aflicción se deja sentir cuando escribe: “fue el acto del profeta / el día en que los pájaros encumbraron vuelo llorando / cuando de mi cuna crecieron enraizadas rosas negras / ¡la nefasta noche en que nací!”.

Sin embargo, en esa lidia contra la muerte, nuestra poeta, esta Minerva Mirabal de la literatura peruana que se enfrenta contra la dictadura del pobrismo y la decadencia humanas en nuestras letras, cuando dice “que delire de día / inventando el lienzo de lo cotidiano / por la noche, ahuyente las estrellas que se desmoronan por los deseos / que las calles solitarias se compongan de partituras / que transite la vergüenza desnuda y en el cuerpo quepa la libertad”.


De esta suerte, Bajo cero se distingue por su heroicidad, un valor escaso en nuestra literatura más reciente. La poeta llama a la acción, diciendo a las mujeres “cultiva tu raíz en el abismo / la cicuta poco a poco inmuniza / rompe las tablas / como serpiente que muta de piel”.

Finalmente, cabe argüir que muchos de los actuales poetas, escritores y artistas peruanos, al alabar esta descomposición integral del ser humano, contribuyen al embrutecimiento general de nuestra sociedad. Son, al decir de Zoila Capristán, “verdugos asalariados que cumplen su deber”.

Cuando esta baja policía literaria se mofa e insulta a aquellos creadores que intentan tomar otra acción, valor o actitud en sus obras, como la libertad, la solidaridad o la equidad, a las que toman como una caricatura de la esencialidad humana, se convierten en los cómplices de este genocidio cultural, “los buitres en espera”, como versa nuestra poeta, de reclamar su parte, añado yo.

Al plasmar el miasma en su literatura como si fuese la esencia del hombre, la única variable o tema de sus creaciones, son los albañiles de este muro que se ha construido entre el pueblo peruano y su cultura. Pero el alma de la literatura peruana no es una cloaca, como tampoco lo son las almas de sus personajes, y ciertamente no lo es el alma del Zoila Capristán, que aspira, parafraseando al verso de Vallejo en La cena miserable, a que “todos hayan comido pan ese día” (Y cuándo nos veremos con los demás, al borde de una mañana eterna, desayunados todos).
Los poemas de Bajo Cero fueron hechos para tiempos como éstos, donde todos los creadores se solazan en la podredumbre, dondecualquier persona interesada en el progreso, el bienestar y el desarrollo del entorno en el cual vive, y en el suyo propio, es un paria, un ignorante, un ser despreciable, y donde es difícil considerar que constituye una obligación moral que el arte represente una versión ideal de la realidad.
el arte debe tratar de elevar e idealizar el espíritu, incorporando las ideas sobre la naturaleza compleja, valiosa y heroica de la vida humana, así como sopesar ese valor frente a los otros; que el sentido de la vida de un artista es el combustible de su voluntad; y que, si tiene voluntad, entonces el aspecto crucial de su vida es su valor, pues debe crear el arte a su imagen y semejanza. Ése es el arte de Bajo cero. Ése es el arte de Zoila Capristán.

Muchas gracias. 
HECTOR ÑAUPARI